La repentina reorganización en un vuelo conjunto de la NASA y SpaceX hacia la Estación Espacial Internacional plantea interrogantes que van mucho más allá de la carrera de un hombre, insinuando una tensión creciente entre la cooperación abierta en órbita y las estrictas reglas de seguridad en tierra.
Lo que sabemos sobre el cambio de tripulación de última hora
La misión en el centro de la polémica es la Crew-12, un vuelo de la nave Crew Dragon de SpaceX contratado por la NASA para transportar astronautas a la Estación Espacial Internacional (EEI). El lanzamiento está programado para mediados de febrero desde Florida.
La tripulación original incluía una combinación de miembros estadounidenses, europeos y rusos:
- Jack Hathaway – Astronauta de la NASA
- Jessica Meir – Astronauta de la NASA
- Sophie Adenot – Astronauta de la Agencia Espacial Europea, de Francia
- Oleg Artemyev – Cosmonauta ruso veterano, Roscosmos
Luego, sin previo aviso público, la agencia rusa Roscosmos retiró a Artemyev del vuelo y lo reemplazó por su compañero cosmonauta Andrei Fedyayev. El cambio se produjo aproximadamente dos meses antes del lanzamiento, una fase inusualmente tardía para una modificación de este tipo en una expedición a la EEI planificada con tanta antelación.
Reemplazar a un miembro de la tripulación tan cerca del lanzamiento casi siempre indica un problema grave de salud, legal o de seguridad, y no un simple ajuste de la plantilla.
Quién es Oleg Artemyev y por qué importa su retirada
Artemyev no es un novato. Pertenece al reducido grupo de personas que han acumulado más de un año en órbita. En tres misiones de larga duración a la EEI, lanzadas en 2014, 2018 y 2022, sumó unos 560 días en el espacio y realizó múltiples paseos espaciales.
Esa experiencia normalmente hace que un cosmonauta sea más valioso, no prescindible. Las agencias suelen proteger a los tripulantes veteranos porque gestionan operaciones complejas, entrenan a astronautas más jóvenes y responden mejor ante emergencias.
Gregory Trishkin, analista espacial ruso, considera que la medida es una señal importante más que un detalle burocrático.
“Retirar a alguien de una misión dos meses y medio antes del vuelo sin una explicación clara dice mucho”, argumentó, sugiriendo que una violación accidental por parte de un veterano sería casi imposible de imaginar.
La supuesta violación de seguridad en la sede de SpaceX
¿Qué motivó la decisión? El medio de investigación ruso The Insider informó de que Artemyev tuvo problemas durante una visita a la sede de SpaceX en Hawthorne, California, donde se desarrollan Crew Dragon y los cohetes Falcon.
Según ese informe, el cosmonauta supuestamente fotografió:
- documentos técnicos clasificados o restringidos
- hardware de motores SpaceX o componentes
Supuestamente, después envió esas imágenes usando su teléfono personal. Para un visitante casual, podría parecer una falta menor. Pero para alguien sujeto a las normas de control de exportaciones de EE. UU. sobre tecnología espacial y de defensa, eso supone cruzar una línea roja.
El caso parece afectar a la International Traffic in Arms Regulations (ITAR), un complejo conjunto de leyes estadounidenses de control de exportaciones diseñadas para impedir el acceso no autorizado de extranjeros a tecnologías y datos técnicos sensibles relacionados con la defensa.
Bajo la ITAR, incluso una imagen de un motor de cohete o un esquema en la pared de un taller puede considerarse “dato técnico controlado” si revela detalles de rendimiento, diseño o fabricación.
Ni la NASA, ni SpaceX, ni Roscosmos han confirmado oficialmente esta versión de los hechos. La ausencia de declaraciones públicas es habitual: cuando los casos involucran seguridad nacional y leyes de control de exportaciones, las agencias tienden a guardar silencio para evitar complicaciones legales y diplomáticas.
Por qué la ITAR y la tecnología de SpaceX están en el centro de la disputa
Para entender por qué unas pocas fotos pueden descarrilar la misión de un cosmonauta, conviene observar el papel de SpaceX en el vuelo espacial y la defensa de EE. UU.
SpaceX opera el cohete Falcon 9 y la nave Crew Dragon bajo contrato con la NASA. La primera etapa reutilizable del Falcon 9 aterriza y vuela de nuevo, reduciendo drásticamente los costes de lanzamiento. Esa capacidad, aunque comercial en teoría, tiene relevancia directa para satélites militares y cargas de seguridad nacional.
SpaceX también lanza satélites estadounidenses de defensa e inteligencia, y su red Starlink se ha convertido en una herramienta clave de comunicaciones en conflictos modernos. Para los organismos reguladores, eso coloca buena parte del hardware y know-how de la empresa en una zona gris entre el vuelo espacial civil y la tecnología de defensa sensible.
| Área | Por qué podría aplicarse la ITAR |
| Motores de cohete | La propulsión de alto rendimiento puede servir para misiles militares y vehículos de lanzamiento. |
| Sistemas de guiado | El software de navegación y los sensores pueden reutilizarse para el guiado de armas. |
| Diseño estructural | Los materiales ligeros y los métodos de etapas interesan a programas civiles y militares. |
| Datos de operaciones | Los perfiles de lanzamiento, estrategias de reentrada y cifras de fiabilidad son importantes para la planificación de defensa. |
Para extranjeros que visitan estas instalaciones, cada smartphone, cámara y aplicación de mensajería se convierte en un riesgo legal. En los briefings normalmente se recalca esa advertencia, por lo que los expertos consideran difícil creer que Artemyev pudiera malinterpretar las normas.
La geopolítica regresa a la colaboración en la EEI
El caso se sitúa también en un contexto político más amplio. En julio de 2022, durante una de sus misiones en la EEI, Artemyev posó con dos compañeros cosmonautas rusos sujetando banderas de territorios separatistas del este de Ucrania. Roscosmos publicó las imágenes, utilizando de facto la estación como escenario para un mensaje político nacional.
La NASA y la Agencia Espacial Europea condenaron la acción, afirmando que rompía el espíritu de neutralidad que normalmente rige el comportamiento en la estación. La EEI existe como un raro proyecto conjunto que une a Rusia, EE. UU., Europa, Japón y Canadá.
Las fotos de Artemyev con las banderas recordaron a muchos funcionarios que los actos simbólicos en órbita pueden tener un eco potente en la Tierra, especialmente cuando la guerra y las sanciones ya tensan las relaciones.
Desde la invasión de Ucrania, las sanciones occidentales han afectado parte del sector espacial ruso, limitando el acceso a tecnología y financiación. Rusia ha amenazado en ocasiones con abandonar el programa de la EEI o volcarse completamente en proyectos nacionales y colaboraciones con países como China.
Al mismo tiempo, la NASA depende todavía de las naves de carga rusas Progress para el propelente y utiliza propulsores rusos para ayudar a mantener la órbita de la estación. Por su parte, Rusia se beneficia de experimentos científicos estadounidenses y europeos y del acceso a tecnología occidental de soporte vital.
Esa delicada interdependencia hace que cualquier cuestión de seguridad que afecte a un tripulante ruso en una nave estadounidense sea especialmente sensible. Lo que antes podría haberse resuelto discretamente en una sala de reuniones ahora adquiere peso diplomático.
Cómo se asignan normalmente las tripulaciones – y por qué destaca este cambio
Las asignaciones de tripulación para vuelos a la EEI suelen fijarse años antes del lanzamiento. Los astronautas y cosmonautas se entrenan en vehículos específicos, ensayan procedimientos de emergencia y coordinan experimentos. Cambiar personas a última hora crea riesgos y cuesta tiempo.
Las causas habituales de cambios de última hora incluyen:
- problemas médicos o fallos en los chequeos físicos
- emergencias familiares
- lagunas en la formación o lesiones
- decisiones políticas a nivel de agencia
Las retiradas por motivos de seguridad son mucho más raras, sobre todo para astronautas que ya han volado varias veces y manejado sistemas sensibles. Si se confirman las acusaciones sobre la ITAR, Roscosmos se enfrentó a una elección difícil: mantener a Artemyev en la Crew-12 y arriesgarse a fricciones con la NASA y los reguladores estadounidenses, o apartarlo discretamente y preservar el marco más amplio de cooperación.
Lo que esto indica para futuras colaboraciones espaciales entre EE. UU. y Rusia
El caso de Artemyev ofrece una visión de cómo pueden ser las futuras asociaciones espaciales: más recelosas, más legalistas y más influenciadas por abogados de exportación que por ingenieros.
Actualmente, la NASA y Roscosmos mantienen un acuerdo de intercambio de asientos. Los astronautas estadounidenses vuelan en la nave rusa Soyuz, mientras que los cosmonautas rusos viajan en la Crew Dragon de SpaceX. El acuerdo garantiza que siempre haya al menos un representante de cada agencia a bordo de la EEI, independientemente de que un vehículo concreto quede temporalmente en tierra.
Si aumenta la desconfianza por incidentes de seguridad, las agencias podrían:
- reforzar la selección de tripulantes extranjeros en naves comerciales estadounidenses
- limitar el acceso a ciertas instalaciones o procedimientos durante el entrenamiento
- restringir los briefings técnicos proporcionados a socios internacionales
- apostar por una mayor compartimentación dentro de las tripulaciones mixtas
Esa estrategia protege el conocimiento sensible pero puede ralentizar la innovación. Muchos avances en la EEI han surgido de la ingeniería compartida, donde la experiencia rusa en propulsión se combina con la europea o estadounidense en robótica o soporte vital.
Qué significa la ITAR: una restricción diaria para los trabajadores del espacio
Para astronautas, cosmonautas e ingenieros, la ITAR no es solo un acrónimo legal en un manual. Moldea los viajes, las reuniones e incluso las conversaciones informales.
Durante el entrenamiento conjunto, los equipos suelen dividir la información técnica en categorías despejadas o restringidas. Un astronauta extranjero puede operar una nave de forma segura sin llegar a ver esquemas detallados o gráficos de rendimiento que están detrás de la interfaz.
Los simuladores también se adaptan a estas normas. Un cosmonauta ruso que aprende procedimientos de Crew Dragon, por ejemplo, puede practicar con una versión de software que oculta ciertos parámetros de ingeniería. De igual manera, los estadounidenses que entrenan en la Soyuz rusa tienen sus propias limitaciones sobre los datos internos a los que pueden acceder.
Esto crea una extraña rutina diaria en la que los compañeros comparten comidas y bromas durante el entrenamiento, mientras trabajan rodeados de muros invisibles sobre lo que pueden o no pueden decir. El caso Artemyev subraya cómo un solo error, intencionado o no, puede provocar consecuencias que se propagan por ese sistema tan cuidadosamente equilibrado.
Mirando al futuro: riesgo, confianza y la próxima generación de tripulantes
A medida que más empresas privadas entran en el vuelo espacial tripulado, la tensión entre la apertura y la protección irá en aumento. Empresas como SpaceX, Boeing, Blue Origin y otras construyen hardware que puede servir tanto a clientes comerciales como de defensa. Ese carácter de doble uso mantiene alerta a los reguladores.
Los futuros astronautas pueden enfrentarse a normas digitales más estrictas: teléfonos personales bloqueados en áreas seguras, fotografía limitada en las fábricas, registro automático de transferencias de datos, y formación obligatoria en exportaciones junto a los cursos de supervivencia y robótica.
Para los reclutas más jóvenes, este entorno podría llegar a resultarles normal: cooperación en órbita, pero con las fronteras legales siempre presentes. El episodio Artemyev, quede o no completamente esclarecido, proporciona un caso real que analizarán en el aula durante años, mientras aprenden cómo el vuelo espacial se encuentra hoy en la encrucijada de la excelencia ingenieril, la geopolítica y la legislación de seguridad nacional.
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