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Por qué la Generación Z sale más a correr y pasa menos tiempo en el móvil

Grupo de jóvenes deportistas al aire libre verificando sus relojes inteligentes en un parque urbano al atardecer.

En parques, calles de la ciudad y pistas universitarias, los jóvenes adultos están cambiando las noches de doomscrolling por madrugones para correr kilómetros. Lo que empezó como una tendencia de nicho en aplicaciones de fitness, ahora parece una profunda reinvención de cómo la Generación Z invierte su tiempo, dinero y energía social.

Del scroll infinito a las líneas de meta

Los últimos datos del informe Year in Sport de Strava señalan un cambio claro: los menores de 25 años se mueven más y con propósito. La plataforma analizó miles de millones de actividades registradas en más de 185 países y sumó una encuesta a 30.000 personas. El patrón se repite a nivel mundial: los jóvenes adultos ahora prefieren el “tiempo de movimiento” al tiempo extra de pantalla.

Correr sigue dominando la aplicación, pero la Generación Z no se limita a trotar por el barrio. Se apuntan a carreras, alternan entre deportes y monitorizan su progreso con una atención casi obsesiva. En comparación con la Generación X, los miembros de la Generación Z tienen mucha más probabilidad de afirmar que una carrera o evento organizado es la principal motivación para entrenar.

Para muchos jóvenes adultos, el nuevo símbolo de estatus no es cuántos seguidores tienes, sino cuántas líneas de meta has cruzado.

El entrenamiento de fuerza también ha aumentado notablemente. Los encuestados de la Generación Z mencionan el levantamiento de pesas como deporte principal aproximadamente el doble de veces que los de la Generación X. Ese cambio se refleja en lo que los gimnasios y entrenadores observan: salas de pesas llenas, clases de barra completas y una generación inusualmente acostumbrada a sentadillas y peso muerto.

Mujeres liderando el auge de la fuerza

Las mujeres en particular impulsan esta tendencia. En Strava, las mujeres registraron aproximadamente una quinta parte más de sesiones de entrenamiento de fuerza que los hombres este año. Esa diferencia sugiere un cambio cultural, alejándose de los antiguos temores a los “músculos voluminosos” hacia una mentalidad más orientada al rendimiento.

La variedad también define la relación de la Generación Z con el ejercicio. Más de la mitad de los usuarios ahora registran varios tipos de actividades. Andar ha escalado silenciosamente al segundo puesto en Strava, por detrás de correr, pero por delante de muchos deportes tradicionales. Para estudiantes y jóvenes trabajadores, una caminata rápida hace las veces de trayecto activo al trabajo, reseteo mental y, a veces, encuentro social.

Los datos de rendimiento muestran que no se trata solo de probar por probar. Según la aplicación de entrenamiento Runna, el 86% de sus usuarios lograron al menos una marca personal este año. Esto sugiere hábitos de entrenamiento constantes y afán por el progreso medible, más que por retos esporádicos de fitness.

El deporte como prioridad social y financiera

Todo esto ocurre en un contexto de inflación persistente. Aproximadamente dos tercios de la Generación Z afirman que la subida de precios afecta a su vida diaria. Aun así, reservan dinero para el deporte y la actividad física.

Las cifras de Strava muestran que casi un tercio de la Generación Z planea aumentar su gasto en deporte en 2026. Eso incluye inscripciones en carreras, cuotas de gimnasio, de clubes y tecnología. Cuando el presupuesto aprieta, algo tiene que ceder, y para muchos, ese “algo” son las salidas nocturnas y compras impulsivas, no su rutina de entrenamiento.

Cuando se les da a elegir, una clara mayoría de jóvenes adultos preferiría comprarse equipación deportiva nueva antes que pagar una cita romántica.

Aproximadamente el 64% de la Generación Z encuestada dice dar prioridad al material deportivo antes que a una noche fuera en pareja. Parece radical, pero encaja en una reordenación de valores más amplia: salud, rendimiento y actividad compartida ocupan puestos más altos que cenas románticas a la luz de las velas en restaurantes llenos.

Tecnología conectada en vez de feeds infinitos

Esta generación no rechaza la tecnología; la reinventa. La Generación Z tiene mucha más probabilidad que la Generación X de invertir en dispositivos conectados como relojes GPS, bandas de frecuencia cardíaca y anillos inteligentes.

El director ejecutivo de Strava, Michael Martin, destaca que más de la mitad de la Generación Z espera usar Strava más a menudo en 2026, mientras que muchos afirman que utilizarán Instagram y TikTok igual o menos. El móvil sigue estando en el centro de su día, pero ha pasado de ser un centro de entretenimiento a un panel de rendimiento.

  • Las apps de actividad sustituyen parte de las redes sociales.
  • Los relojes GPS reemplazan a los wearables puramente estéticos.
  • Los dorsales sustituyen a las pulseras de festivales como recuerdos.

Para las marcas, esa reasignación de atención es estratégica. Si un joven corredor consulta más a menudo sus tiempos y comentarios de club que vídeos cortos, la inversión publicitaria probablemente seguirá el ritmo de esas zancadas.

El efecto club: de grupos online a equipos reales

Uno de los patrones más fuertes en los datos de Strava está en la comunidad. El número de Clubs de Strava casi se ha cuadruplicado en un año, sumando alrededor de un millón de grupos en todo el mundo. Los clubes de senderismo y los grupos de corredores crecen más deprisa, muchas veces pasando de simples conversaciones informales a comunidades estructuradas.

Estos clubes organizan quedadas regulares, tiradas largas los fines de semana y eventos temáticos. La asistencia convierte las felicitaciones online en apretones de manos, meriendas compartidas y planes de entrenamiento apuntados en servilletas manchadas de café.

Lo que empezó como un “seguir” o un kudos online, ahora acaba en una sesión de pista los miércoles con 40 personas en la línea de salida.

El deporte también reconvierte la manera en que la Generación Z conoce gente nueva. Frente a la Generación X, los jóvenes adultos tienen mucha más probabilidad de usar el deporte para ampliar su círculo social. Los clubes de running locales, ligas de fútbol 5 y grupos de senderismo funcionan como antídoto a la soledad que muchos menores de 30 describen.

Vacaciones con las zapatillas en la maleta

El cambio también se filtra en los hábitos de viaje. La Generación Z es mucho más propensa que la X a afirmar que vacaciones y deporte deben ir de la mano. Las escapadas urbanas hacen doblete como fines de semana de carreras, y los viajes a la playa incluyen carreras al amanecer o rutas en paddle.

La tecnología les acompaña en la carretera. El Apple Watch sigue siendo el reloj de fitness más usado en Strava, mientras que unos siete de cada diez usuarios siguen confiando en sus smartphones para registrar actividades. Incluso de vacaciones, el móvil sirve menos como distracción y más como registro de viaje, guía de rutas y compañero de entreno.

Por qué Gen Z prefiere moverse a hacer scroll sin pensar

Varios factores explican este giro hacia la actividad. Los jóvenes adultos han crecido durante una pandemia, con ansiedad climática y una crisis del coste de vida. Muchos alcanzaron el límite con las notificaciones constantes, la cultura de la comparación y la sensación de estar siempre conectados.

Correr, levantar peso o caminar ofrecen algo diferente: esfuerzo controlable, resultado visible y un final claro. Una carrera de 5 km no discute, y un récord de peso muerto no pide respuestas educadas. Para una generación que ha crecido gestionando varias identidades digitales, el deporte resulta refrescantemente sencillo.

La salud mental también tiene un papel clave. Las encuestas revelan sistemáticamente altos índices de ansiedad y síntomas de agotamiento entre estudiantes y jóvenes trabajadores. La actividad física estructurada, sobre todo en grupo, aporta rutina, mejor sueño y sentido de pertenencia, algo que una sesión de scroll rara vez consigue.

Para muchos de la Gen Z, un club de running es a la vez grupo de apoyo y válvula de escape, fijado en el calendario como una sesión semanal de terapia.

Lo que significa este cambio para colegios, ciudades y marcas

Colegios y universidades pueden aprovechar este impulso. Coordinar horarios con clubes locales, abrir instalaciones hasta más tarde o apoyar grupos de senderismo dirigidos por estudiantes puede satisfacer una demanda ya existente. Los datos indican que no hace falta empujar, solo reducir las trabas.

Para las ciudades, el mensaje es claro: los carriles bici seguros, rutas bien iluminadas y espacios verdes accesibles no son “extras bonitos” para un folleto urbano, sino soportes directos a las nuevas formas de socialización y ocio de sus residentes más jóvenes.

Para marcas deportivas y tecnológicas, los hábitos de la Gen Z recompensan productos que simplifican, no que gamifican. Dispositivos que aguantan una semana sin cargar, registran datos fiables e integran bien con apps de entrenamiento, parten con ventaja sobre los gadgets recargados de notificaciones que arrastran al usuario al viejo ciclo de la economía de la atención.

Ángulos prácticos: ¿a dónde puede ir esta tendencia?

Surgen varias preguntas a partir de aquí. Si más jóvenes cambian la pantalla nocturna por madrugones, los patrones de sueño podrían desplazarse y afectar desde el transporte público hasta las ventas de café. Los empleadores pueden detectar mayor demanda de horarios flexibles para entrenar a mediodía o viajar a carreras los viernes.

La línea entre amateur y semiprofesional puede difuminarse aún más. Con datos detallados, planes estructurados y grandes comunidades, un motivado asistente de marketing de 23 años puede entrenar como un atleta experimentado. Esto plantea dudas sobre sobreentrenamiento, riesgo de lesiones y presión, especialmente cuando las métricas deportivas se convierten en otro motivo de comparación y exhibición.

Al mismo tiempo, el cambio de hábitos pasivos a activos tiene claros beneficios a largo plazo para la salud pública. Incluso pasos modestos, como cambiar el scroll por caminar o las redes nocturnas por sesiones de gimnasio, reducen el riesgo cardiovascular y mejoran el ánimo. Si la Generación Z sigue por este camino, los sistemas de salud notarán el impacto dentro de décadas.

Por ahora, el resumen es sencillo: el botón de correr le roba tiempo al de “me gusta”. Cuando nuevos grupos lleguen a la universidad o al mundo laboral, sus zapatillas y dorsales dirán más de ellos que su número de seguidores.

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